Critica Cómo entrenar a tu dragón

La mejor crítica de: Cómo entrenar a tu dragón 2

Año 1994. Steven Spielberg, famoso por dirigir una película donde una señora mayor con el poder de hacer volar bicicletas es raptada por unos niños que la torturan mientras ella pide un teléfono para llamar a su casa, se compincha con dos tíos forrados de pasta y funda DreamWorks Studios (algo así como “Los sueños no funcionan en estudios” en castellano).

DreamWorks nace con el sueño de ser un espacio donde los grandes cerebros de Hollywood puedan publicar sus obras sin el miedo de caer en lo comercial o en la falta de creatividad. Pero en apenas diez años, a Steven se le acabó la etapa anti-sistema y vendió el estudio por 1.700 millones de dólares a Viacom.

Actualmente, veinte años más tarde de su fundación, se encuentran con deudas hasta las cejas, por malgastar dinero en películas como la de Need for Speed y estrenan la segunda parte de su exitosa Cómo entrenar a tu dragón, basada en la serie de novelas de Cressida Cowell. ¿Será tan buena como para salvar al estudio de la crisis? Yo te desvelo el futuro encantado; permíteme leer tu mano.

Esta secuela nos sitúa cinco años después de los acontecimientos de la primera parte (se ve que en Isla Mema el tiempo va a velocidad x1.25, como el Youtube, porque aquí sólo han pasado cuatro años), en la que un niño llamado Hipo la lió parda al juntar la idea de hacerse amigos de los dragones con una isla entera de Vikingos rencorosos porque algún escupefuego mató a su primo. Ahora nuestro protagonista tiene 20 años y, en vez de pasarse el día encerrado con su novia en alguna chabola vikinga, prefiere explorar nuevos territorios con su dragón fetiche Desdentao. Todo iba bien, hasta que la chica consigue encontrarle (a saber cómo, porque el chaval acababa de descubrir esa tierra) en una de sus escapadas y la cosa empieza a liarse, forzando a los protagonistas de la primera entregara a vivir una aventura más oscura, profunda y espectacular que la original.

Al argumento se le añade un peso emocional debido a la inclusión de un nuevo personaje (que si habéis visto el tráiler ya os habrán reventado quién es) y un giro argumental que obliga a nuestros protagonistas a madurar (que desde mi punto de vista sobraba totalmente, pero le doy tiempo a DreamWorks de sacar la tercera entrega antes de ir a quemar sus oficinas). No obstante, se nota demasiado que las últimas escenas han sido resumidas de la mejor manera posible porque se les acababan los minutos, cosa que se podría haber subsanado si no se dedicaran tanto tiempo a mostrarnos cómo jugar con ovejas (pero debemos recordar que es una película para todos los públicos y a los niños les gustan las ovejas).

La técnica del 3D se ha mejorado enormemente. Los modelados de todos los personajes han sido actualizados y modificados con numerosos detalles. Si nos fijamos, seremos capaces de ver los lunares, matices de la piel, pelo e incluso la típica barba rala de los adolescentes.

La puesta en escena de la fotografía y la dirección vienen de la mano de Roger Deakins y Dean DeBlois, dos grandes de la industria (uno más que el otro) que se han convertido en sinónimo de calidad. Las secuencias de vuelo de una zona a otra son una gozada, sobretodo si vemos la versión 3D (aunque deberemos estar atentos, porque a diferencia de otras películas de animación, las escenas 3D pasan muy desapercibidas y no era raro que la gente creyera no haber visto nada salir de la pantalla), lo mismo sucede con la presentación de los lugares gracias a unos magníficos vueltos alrededor de éstos.

Para la banda sonora han optado por una música tradicional, típica vikinga, cosa que se agradece, pues la música de moda que se incluye en muchas películas suele hacer que la cinta envejezca más rápido. Y el doblaje al castellano es excelente (gracias por ahorrarnos el sufrir la voz de Jon Snow como Eret, hijo de Eret). Sobra decir que más de la mitad del público eran niños y que sus voces deberían incluirse en la valoración del sonido, pero todos supieron comportarse. Punto positivo a DreamWorks, por meter mensajes subliminales para que la muchachada esté callada.

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Sr X

Editor at Rejami
La pasión por los videojuegos y cualquier otra manifestación artística son cosas que me vienen desde antes de tener uso de razón. Todo empezó con un Commodore 64 de mi padre y las series de anime en TV3 (televisión catalana), desde entonces no he parado de jugar, ver y leer cualquier cosa que cayera en mis manos.
  • Kaito, hijo de Kaito

    A mí dos cosas que me resultaron raras.. si en la primera peli tenían 15 años y ahora tienen 20.. ¿por qué todos son exáctamente iguales que en la primera peli? Y no hablo de que a las vikingas no les salgan tetas ni que todos se peinen igual que hace cinco años, es que no les ha cambiado ni la personalidad. No toman cerveza, no se cambian de ropa, no fuman… Si me dicen que ha pasado un mes me habría parecido más creible.

    La otra es la normalidad con la que se toman en la peli trozo de cuerpo que le falta a Hipo y lo descafeinado que es “el gran trauma” de la peli, que al final nadie se acuerda de lo que ha pasado hace unos 20 min y todo son risas y alegrías

    • Tampoco es que hayan indagado mucho en el desarrollo de los personajes. Únicamente han mostrado que hacen carreras y que tienen las hormonas algo más disparatadas xD Sí que hubiera estado bien hacer los personajes más profundos, pero, como ya dije, han dedicado minutos a cosas innecesarias para contentar a la muchachada antes que a darle calidad a la película. Desconozco si en la serie solucionan esto.

      Sobre la pierna, supongo que llevando 5 años sin pierna te acabas acostumbrando y te acabas burlando de ti mismo.

      Y con lo del gran trauma tienes toda la razón, por eso mismo creo que sobra totalmente ese momento. No es algo que deje a los personajes marcados de por vida como sucede en otras películas o series. A ver si sirve de algo en la tercera entrega.